Salones Mogna. El salón de la fama

Empezaron como un depósito de un taller metalúrgico. Pasaron a la historia como un sitio de referencia para peñas, bautismos, cumpleaños de 15 y casamientos. Hoy es el punto de encuentro de los adultos mayores. Con ustedes, los salones Mogna.

 Héctor Avelino Lara era un trabajador metalúrgico incansable. Pero más le gustaban las fiestas, las reuniones sociales y estar siempre celebrando. Entre los combazos, la fragua y la dobladora de chapa que en los ´70 lo convirtió en uno de los principales talleres de la provincia, un día Lara empezó a ver el negocio del alquiler del salón para fiestas. Así nacieron los salones Mogna, cuyo nombre fue en homenaje al lugar de nacimiento de su padre.

Los Salones Mogna están íntimamente ligados a las fiestas y reuniones sociales en la Ciudad. Con sólo nombrarlos, ya todos sabían dónde tenían que ir para los cumpleaños de 15, casamientos o las grandes peñas que se hicieron a mediado de los ´80 en la avenida Córdoba antes de Paula A. Sarmiento.

 Lara fue quien construyó los tres salones. El N° 1, ubicado en el lado norte de la avenida Córdoba, era el más grande: tenía unos 50 metros de largo, un escenario y baños en el subsuelo. Allí se hicieron grandes peñas y dieron sus primeros pasos reconocidos locutores radiales. Hoy en día allí funciona un depósito.

El N° 2 nació como un depósito del taller metalúrgico, en los años que Lara construía grandes obras en la provincia. En un principio, el empresario prestaba ese salón a sus amigos para las fiestas privadas. Y ahí vio la veta del negocio del alquiler para fiestas. Hoy es alquilado y funciona un mercado.

 

 

El N° 3 fue el último en construirse, en el ´83. Hoy en día es el único que sigue con la tradición: allí funciona un instituto de danzas, los viernes es alquilado para cumpleaños y casamientos y los sábados y domingos es alquilado para las fiestas de los adultos mayores.

 

Héctor Lara falleció en el ´92, en pleno auge de los Salones Mogna. El negocio lo siguió su única hija, Analía Lara, y la segunda esposa de Lara –quien había enviudado-, Irene Muñoz, una reconocida maquilladora de Canal 8 con experiencia en la gestión de fiestas.

El marido de Analía Lara, Eduardo Llarena, es quien continuó con el negocio, después de que su esposa heredara los salones 2 y 3. “Mucha gente que bautizó a sus hijas, después siguieron viniendo para hacerles los cumpleaños de 15. Son una tradición. Nunca nos hizo falta hacer publicidad. Y eso es lo que mi padre siempre quiso, que la gente disfrutara de las reuniones sociales como disfrutaba él”, comentó Analía Lara, a quien le festejaron su cumpleaños de 15 en el taller metalúrgico de su padre.

 

Fuente: tiempodesanjuan.com - Publicado en marzo de 2018
Redacción periodística: Gustavo Martínez Puga
Fotografía: Raúl Iturrieta

      

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Héctor Avelino Lara, unos meses antes de fallecer. Entre sus actividades sociales, fue presidente del Club El Globo.
El Salón Mogna N°2, hoy alquilado para un mercadito barrial. (fuente: Tiempo de San Juan)
Vista interior de Salón Mogna. (fuente: Tiempo de San Juan)
Vista interior de Salón Mogna. (fuente: Tiempo de San Juan)
Vista interior de Salón Mogna. (fuente: Tiempo de San Juan)
Vista interior de Salón Mogna. (fuente: Tiempo de San Juan)
Vista interior de Salón Mogna. (fuente: Tiempo de San Juan)
El Salón Mogna N°2, hoy alquilado para un mercadito barrial. (fuente: Tiempo de San Juan)
El Salón Mogna N°2, hoy alquilado para un mercadito barrial. (fuente: Tiempo de San Juan)
El Salón Mogna N°2, hoy alquilado para un mercadito barrial. (fuente: Tiempo de San Juan)