“La Cruz de caña”. Leyenda de La Rinconada


Hay en San Juan en la zona montañosa que queda al sur oeste de Los Berros, más precisamente entre Acequión y Santa Clara, en las laderas orientadas del Tontal, un lugar que da su nombre a un arroyo: ambos se llaman La Cruz de Cañas: es un lugar inhóspito, casi sin vegetación, y menos aún sin cañaverales.

¿El por qué del nombre?...  Se dice que por allí hay una tumba o varias con una cruz hecha de cañas que llama a la oración por las almas que allí moran, cruz llena de un aura de misterio y porque no decirlo, de terror.

¿Quiénes son los que están enterrados allí? ¿Por qué están enterrados allí y no en Campo Santo? ¿Desde cuándo existe esa tumba? Porque muy antañosa ha de ser, para haber dado su nombre no sólo al lugar, sino también al arroyo que riega la zona.

Preguntamos sin encontrar respuestas. Pero un día la casualidad de una visita a Rinconada develó en parte el misterio.

He aquí el relato oído a Eduardo Flores Sosa (hijo del Dr. Ramón Flores y Yanzón) descendiente de viejas familias de Pocito, de esas familias que son custodio de los viejos usos y las tradiciones patrias, gente que aún escancian en su mesa el vino y el agua en cinceladas jarras de plata en obsequio al viajero con la gentil hospitalidad que heredaron los viejos sanjuaninos de sus antepasados españoles.

Mientras saboreamos al sol el paisaje agreste de la sierra de La Rinconada, condimentado con amable parola y sabrosa empanadas al horno hechas por Negrita Hermosilla, escuchamos al Gordo:

- “Fue allá en tiempos en que aún vivían don Francisco Yanzón (1) el que supo tener todo Pocito, en una de las tantas guerras civiles que ensangrentaron al país, no sé si en la primera batalla de la Rinconada, cuando derrotados por Aldao, un grupo de veinticinco hombres (2) de los vencidos, trató de huir de la matanza, refugiándose entre los cerros…pero seguidos de cerca, fueron rodeados, apresados y ejecutados en el mismo lugar que hoy se llama la Cruz de Caña”.

- “Allí fueron enterrados por sus matadores, todos en confuso montón, no sé si por piedad o por ocultar el crimen”.

- “Iodos los matadores, una mano desconocida, pero llena de piedad, hizo con cañas frescas una cruz y la colocó sobre la tumba para recordar que allí descansan almas que necesitan una oración”.

- “Desde entonces hay siempre allí una cruz de caña sobre la tumba, cruz que aparentemente no se deteriora con el tiempo, y que hace tiempo que está allí, pues siempre aparece fresca, como si fuera recién armada, lo más extraordinario es que allá es una zona donde no crecen esta plantas ciertamente, ¡cosa de milagro! ¿No?”

En el silencio que sigue el relato de Eduardo, cada uno piensa… en el destino trágico de esos muertos sin nombre… o en la misteriosa y caritativa mano que plantó allí la cruz cristiana.

Es el ocaso. El sol desciende detrás del monte inmenso… cuando sorprendidos escuchamos lejanas fantasmagóricas campanadas tocar el Angelus llamando a oración a la grey cristiana por las almas de los que ya fueron y allí penan.

Todos parecen oírlas y reverentes rezamos – “El Ángel de Señor anunció a María”.

Notas:
(1) Fue don Francisco Yanzón, el viejo dueño de todo Pocito, adquirido bajo el nombre de Tierras de la Independencia en 1825, al Gobierno de Salvador María del Carril, en público remate, éstas llegaban desde la Sierra al Oeste hasta Los Cerrillos al Este, al Sur hasta el Cerillo de Valdivia, y la Punta del Médano y al Norte, las Ciénagas del Agua Negra.

(2) Hay varia batallas de la Rinconada, pero la primera, la batalla de Punta de Médano, fue más al sureste, en la zona actualmente con el mismo nombre ya llegando al Cochagual. Allí el 21 de agosto de 1821, fue el encuentro entre las tropas del chileno Carrera y las de Mendoza, comandadas por el coronel Juan Albino Gutierrez, en tanto que la tropas sanjuaninas, el mando del coronel alto peruano Juan Rey de Urdimeneao o sea el “Cholo Urdiminea”, como lo llamaron sus contemporáneos cerraba el paso a los montoneros en la zona, entre Rincón Cercado y Caucete.

A la derrota de Carrera, un piquete de 26 hombres, uno de ellos vestido con el poncho de este, tomó rumbo al Sur Oeste, huyendo a los cerros con ostentación en tanto que don José Miguel, protegido por su batallón escoltas tomaba mucho rumbo sur, pero eso es ya otra historia.

Engañado Gutierrez por aquel movimiento envió en seguimiento de los fugitivos los que fueron encontrados en la zona que hoy se llama la Cruz de Caña: allí 25 fueron sacrificados como dice la leyenda y sólo uno, el  hombre que había tomado el lugar de Carrera fue dejado vivo, traído a San Juan, fue fusilado en la plaza y Veinticinco de Mayo, donde hoy se encuentra ubicada la fuente. Este se llamaba Juan Alberto Benavidez y tenía 21 años, era veterano de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, pero eso como decíamos anteriormente, son otras  tristes historias.

Es decir que la leyenda ha conservado el hecho, aunque se ignoraron los nombres de los fieles soldados que allí duermen su último sueño.

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“La Cruz de caña”. Leyenda de La Rinconada. Dibujo: Miguel Camporro