Martes, 13 de Abril de 2021      

Reflexiones acerca de la proyección histórica de Pedro Echagüe

La Argentina del siglo XIX albergó a importantes personalidades históricas. Uno de esos personajes fue Pedro Echagüe (1821-1880), soldado, escritor y periodista. Nació en Buenos Aires y llegó a San Juan después de varios años de exilio en Uruguay. Este artículo describe las actividades que Echagüe desarrolló en la provincia de San Juan y los homenajes que los sanjuaninos han rendido al escritor.

Ideología y acción en la semblanza de Pedro Echagüe

El Sargento Mayor Pedro Echagüe, antiguo soldado de los Ejércitos de la Independencia, provenía al igual que su esposa Juana Arredondo de la Quintana, de familia tradicional y patricia. De este matrimonio nacieron Isabel y Pedro, nuestro autor, quien llegó a la vida el 8 de octubre de 1821 en la ciudad de Buenos Aires.
Pedro Echagüe
Eran tiempos difíciles y nuestra incipiente nación se debatía entre proyectos e intereses que dificultaban la organización política. El poder se dispersó y a partir de 1820 las distintas provincias se dieron el régimen que prefirieron los grupos o los caudillos que las representaban. Federalismo y Centralismo (posteriormente Unitarismo) constituyeron dos maneras distintas de enfocar la misma realidad.
En este contexto desarrolló parte de su vida Pedro Echagüe, quien desde muy joven abrazó los ideales unitarios, motivo por el cual debió emigrar a Montevideo en 1839. Como casi todos los que participaron en las luchas por la organización del país concilió las actividades más diversas durante su existencia. Incursionó en el periodismo, en la educación, en la política. Fue además escritor y soldado.
En la capital del Uruguay conoció al General Lavalle, quien habiendo simpatizado con el joven, lo alojó en su propia casa, según recordaba más tarde Dolores Lavalle, hija del militar. Desde entonces se enroló como voluntario en su ejército, siguió la suerte del jefe unitario participando en las campañas de La Rioja, Tucumán y Córdoba llevadas a cabo entre 1840 y 1841. Acompañó la comitiva que condujo los restos de Lavalle hasta sepultarlos en la catedral de Potosí, allí descansaron por un tiempo hasta que fueron trasladados a Chile donde permanecieron hasta su repatriación. Compartió, además, preparativos bélicos, batallas y campamentos con el General Lamadrid, del cual fue su edecán.
Los vaivenes político-militares ocasionados por la guerra civil que enfrentaba a unitarios y federales, y el endurecimiento de las medidas de Rosas contra sus opositores, convirtieron en proscripto al escritor-soldado, como lo llamaron sus biógrafos. Peregrinó durante prácticamente una década, por pequeños poblados y ciudades de Bolivia, Perú, Chile y Ecuador.
Lejos de la tierra que lo vio nacer llevó a cabo múltiples y variadas tareas que le permitieron el sustento diario. Escribió en periódicos; copió escritos judiciales, dramas, comedias; improvisó un aula de primeras letras; desarrolló transacciones comerciales, entre otras labores. Regresó a nuestro país cuando, tras la caída de Rosas en 1852, el General Urquiza permitió el retorno de los emigrados.

Fecunda labor cultural en San Juan

Pedro Echagüe instaló en San Juan recién comenzada la década de 1860. En nuestra provincia contrajo matrimonio con Epifanía de la Barrera, perteneciente a una familia tradicional. Fijaron su residencia en una antigua casa quinta ubicada en la calle ancha del Norte (actual 25 de Mayo 463 oeste), propiedad heredada por la flamante esposa. De esta unión nacieron cuatro hijos: Juan Pablo, afamado escritor y conocido como Jean Paul; María Isabel, también escritora; Luisa y Daría, ambas dedicadas a la pintura.Cuando Domingo Faustino Sarmiento ocupó la primera magistratura de San Juan creó por decreto del 2 de octubre de 1862 el cargo de Inspector General de Escuelas, a la vez que designó a Pedro Echagüe para desempeñarlo. Nuestro autor respondió con una nota dirigida a los Ministros y Secretarios de Gobierno en la cual expresaba en primera persona que “apreciando altamente la distinción con que he sido favorecido al hallárseme apto para tan honorífico empleo, sólo me resta suplicar a SS se dignen participar a SE el Señor Gobernador, el último reconocimiento de que me hallo poseído, en consecuencia de una colocación que acepto gustoso, y en la que mi afán y contracción serán el firme testimonio de la buena voluntad con que a ella prometo consagrarme” (1)
Su labor más destacada en este ámbito consistió en la elaboración-junto con Domingo Soriano Sarmiento, presidente de la Comisión Promotora de Instrucción Pública-del Primer Informe del Consejo de Educación de la Provincia de San Juan por el año 1862. Este trabajo fue publicado en 1863 y era un detallado informe sobre la situación de la educación pública en San Juan hasta diciembre de 1861 confeccionado a partir de los datos relevados por Pedro Echagüe y las propias observaciones del Consejo.
Memorias y Tradiciones, con introducción de Narciso Mallea, en una edición de 1922.

En el texto introductorio los autores manifestaron su opinión acerca del estado e importancia de la educación y de los dirigentes que habían tenido bajo su responsabilidad la conducción política. Enunciaron que “la población de San Juan se encontraba en 1861, en el más bajo nivel de educación que se conoce en los pueblos cristianos. Esta situación subsiste desde 30 años atrás, puesto que desde entonces hasta la fecha la acción del gobierno se ha limitado a sostener mal rentada y peor atendida una Escuela Central en la ciudad.
En el estado de absoluta desorganización en que se encontraba en épocas pasadas todo cuanto se relaciona con una recta administración, nada era más fácil, quedara descuidada, la institución que da a los pueblos el pan de la inteligencia conservando apenas en algunos intervalos una precaria existencia, que acabó por fin al término de aquellas horas en que el pueblo reaccionando contra sus mandones quedó postrado por el cansancio de la lucha.
Hoy, las instituciones son una realidad, y el magistrado que preside los destinos de la Provincia, es por sí solo el elemento más fecundo que pudiera desearse para rehabilitar, como lo ha efectuado, la enseñanza primaria".

Resulta creativa la metáfora con que se definió a la escuela: “institución que da a los pueblos el pan de la inteligencia”. Sin duda tenían en muy alto aprecio a la educación como nutriente indispensable y fundamental para el desarrollo de la capacidad que permite a los hombres resolver exitosamente y por medio del razonamiento las diversas situaciones problemáticas que plantea la vida. Fieles a sus principios responsabilizaron a los gobiernos federales del atraso en que se encontraban las instituciones educativas, demostrando optimismo por el desarrollo que alcanzarían las mismas tras el ascenso al poder de gobernantes liberales, antiguos partidarios del unitarismo.

También en este suelo andino nuestro escritor se desempeñó como periodista participando en la redacción de la segunda edición de “El Zonda” desde 1862 hasta 1865. Escribió numerosos artículos de carácter político, social y literario. Desde sus columnas defendió la causa de la guerra del Paraguay, concientizó a la población sobre la necesidad de promover y sostener el progreso material de la provincia y comentó piezas literarias de escritores sanjuaninos.
De confección dinámica y enérgica, estos artículos incitaban al lector a emitir una respuesta logrando un diálogo permanente entre emisor y receptor, lo cual evidencia por un lado la importancia y trascendencia del diario y por otro, la habilidad del periodista para generar un activo intercambio de opiniones que dejaba como resultado el interés por participar y el enriquecimiento en la formación de juicios críticos.
Su desempeño como funcionario público no se redujo al gobierno de Sarmiento. En 1872 fue comisionado por las autoridades provinciales para organizar la nomenclatura y numeración de las calles de San Juan. De esta tarea resultó un informe que nos proporciona-entre otros- los siguientes datos: “Las tablillas [de numeración] quedan colocadas a la izquierda, que es también la acera que ocupan los números impares en todas las calles;… que aún en el centro de la ciudad existen todavía manzanas y medias manzanas que por ambas aceras no cuentan una sola puerta [porque eran baldíos];…que en algunas calles había construcciones aisladas mientras que en otras era preciso tomar en consideración el rápido aumento y mejora de los edificios que están embelleciendo la ciudad.
La Chapanay, una de las obras más recordadas de Pedro Echagüe.

El autor concluye consignando que: El número de puertas numeradas alcanza a 1954. Los números en reserva son 576. Las calles nomenclaturadas son 32. Las manzanas comprendidas dentro de esas treinta y dos calles son 80. La nomenclatura de las calles es la siguiente: Plaza 25 de Mayo, calles Mendoza, Caseros, Sarmiento, Laprida, Buenos Aires, Rivadavia, Las Heras, Paz, Santa Fe, Chacabuco, Córdoba, Méjico, Moreno, Tucumán, Chile, Perú, Estados Unidos, Salta, Nueva Granada, Ecuador, Venezuela, Catamarca, Corrientes, Bolivia, Entre Ríos, Brasil, Rioja, Pueyrredón, Jujuy, San Luis, Paraguay (4).

Durante la gestión de Benjamín Bates fue nombrado, en diciembre de 1872, Comisario Sumariante Provisorio y Juez de Letras Interino para que entendiera en la causa del asesinato del gobernador Valentín Videla. Sin embargo permaneció breve tiempo en estas funciones.
Su vida se apagó el 5 de julio de 1889 en la ciudad donde formara su hogar y transcurrieran los últimos años de su azarosa existencia. El gobernador Alejandro Albarracín, en 1891, otorgó a la esposa e hijos de Pedro Echagüe una pensión graciable por el término de cinco años, en reconocimiento de su desempeño cívico por el engrandecimiento de la patria.

El legado literario

La faceta más interesante de su espíritu fue sin duda, la literaria. Autor de poesías, piezas de teatro, obras didácticas, apólogos, novelas y relatos históricos supo plasmar la realidad del momento matizándola suavemente con recursos de la imaginación.
El Dr. Ataliva Herrera, que ha escrito sobre él un estudio biográfico en que se lo señala como el precursor del teatro nacional sintetiza así su impropicio, la falta de recursos, los dilatados desiertos, la impericia militar, la trascendencia del grito emancipador, fueron gran parte para que los cimentadores de la nacionalidad multiplicaran sus energías, se superaran a sí mismos, improvisándose en estadistas, soldados, educadores, literatos, según cual fuera la necesidad a llenar, padeciendo reveses y alcanzando triunfos, hasta lograr levantar la nueva y gloriosa Nación.
A esa pléyade pertenece don Pedro Echagüe, por haber ofrendado en generoso holocausto a la patria la proteiforme actividad de su vida: poeta y soldado, dramaturgo y protagonista de la tiranía, novelista e historiador presencial de los hechos que narra, educador y estadista, hombre de prensa y de esfuerzos para realizar sus postulados, hombre de ensueño y de acción, sirvió en todo momento con la pluma o con la espada a nuestra embrionaria nacionalidad, hasta conseguir, por toda recompensa, ver fundada la organización nacional” (5).
Pedro Echagüe escribió sus obras a partir de 1860, y algunas de ellas fueron premiadas con el aplauso del público en vida del autor. Pero fue por iniciativa de su hijo, Juan Pablo, prestigioso crítico teatral de “La Nación” que ha llegado a nosotros una parte de su producción literaria. Juan Pablo Echagüe preparó una reimpresión de las obras que fueron publicadas en Buenos Aires durante 1922 por “La Cultura Argentina”, bajo la dirección de José Ingenieros.

Sus trabajos más destacados se agruparon en dos tomos titulados Teatro y Memorias y Tradiciones. El primero prologado por José Chirapozu incluyó; Un beso, comedia representada en Chile en 1868, escrita en verso y organizada en dos actos; Padre hermano y tío padre, subió a escena en San Juan en 1872, comedia en tres actos y en prosa; Primero es comedia en tres actos y en prosa; Primero es la Patria, comedia en un acto y en verso; De mal en peor, comedia en un acto, fue representada en Chile; Rosas, drama en dos actos y en verso.
Es una pieza de combate que de acuerdo con las apreciaciones del célebre literato Ricardo Rojas fue el primer drama sobre el tirano.Representado por la compañía de Francisco Torres en Buenos Aires el 25 de mayo de 1860 en el antiguo teatro de la Victoria en el marco de los festejos oficiales con que se celebraron aquel año las fiestas mayas. Asistieron a su estreno Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento.

Memorias y Tradiciones estuvo compuesto por una introducción de Narciso Mallea que precedió a Mártires argentinos, escrito en un volumen; Apuntes de un proscripto, redactado en tres volúmenes datados en 1878, 1880 y 1881; Cuatro noches en el mar, novela corta, de 1886, también llamada Amalia y Amelia y La Chapanay, calificada como novela-tradición.

En Buenos Aires durante 1931, Alberto Palcos dirigió la colección “Grandes Escritores Argentinos”, sosteniendo que se “difundirán todas las obras que arrojan alguna luz sobre el pensamiento o el arte de nuestros mejores escritores” (6). La publicación incluyó obras de Domingo Faustino Sarmiento, Juan B. Alberdi, Lucio V. Mansilla, Esteban Echeverría, entre otros y Pedro Echagüe. A este último correspondió el tomo XXXIX titulado “Dos novelas regionales”. El mismo contuvo un prólogo de Margarita Mugnos de Escudero y las novelas La Rinconada (7) y La Chapanay la cual se inició con un prefacio del autor.
Ambas novelas reflejan el estado social, la naturaleza y las costumbres de nuestra provincia. La primera basada en el trasfondo histórico de la batalla que librara Aberastain y la segunda en la leyenda que circulaba sobre Martina Chapanay cuando Echagüe llegó a San Juan. Es considerada uno de los libros más genuinamente nacionales con que cuenta nuestra literatura: ambiente, personajes, costumbres, paisajes, sentimientos, todo en esta obra está impregnado de un marcado color local.

A través de sus biógrafos podemos conocer que además escribió Un lego de San Francisco, novela que se considera perdida; Los Niños, zarzuela en un acto, datada y representada en San Juan en 1872 ; Memorias de un coronel, comedia en un acto y en prosa, escrita en nuestra ciudad en 1870; Vivir para dormir, comedia en un acto y en verso, inédita; Tratado de declamación, obra didáctica; Un cantón, apólogo en verso, inédito; Tres entidades negativas, apólogo en verso, escrito en San Juan en 1870; Diálogo entre la libertad y la anarquía, apólogo, inédito; Las flores y las mujeres apólogo en verso.

Incursionó en la poesía con Ecos postreros dado a conocer en San Juan en 1877. Prologado por Olegario Andrade contenía poemas que fueron inspirados en diversas épocas y lugares reflejando situaciones y sentimientos de su vida personal.

Amor y Virtud es un drama en tres actos que fue representado en San Juan en el teatro Vasconcellos cuando transcurría el año 1868. Sin embargo debió esperar hasta 1923 para ser publicado precedido por un estudio de Ataliva Herrera sobre los orígenes y la significación del teatro argentino.

Echagüe en la memoria de su pueblo

En 1922 el profesor José Chirapozu inició el movimiento de justicia póstuma publicando un estudio crítico biográfico sobre la personalidad de Echagüe. La Sociedad Argentina de Autores le rindió un brillante homenaje consagrándolo precursor del teatro nacional. Su secretario José Antonio Saldías elevó ante los miembros de esta institución, un proyecto destinado a recuperar la memoria de Pedro Echagüe. La comisión directiva aprobó por unanimidad la propuesta en la sesión del 30 de mayo de 1922 resolviendo colocar un retrato suyo en la biblioteca de la sede social, promover la reedición de sus obras dramáticas e incluir su nombre en la lista de los socios fallecidos, así como auspiciar los actos en su honor.

Por otra parte los concejales Avelino Molina y Alejandro Mohr, miembros del Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires presentaron el 7 de noviembre de 1922 un proyecto de ordenanza para denominar una calle del municipio con su nombre. El mismo fue aceptado por unanimidad resolviéndose reemplazar la denominación de la calle Progreso por el de Pedro Echagüe. Esta decisión fue reforzada por un decreto de la Intendencia Municipal fechado el 20 de febrero de 1923 que ordenaba la instalación de una placa de bronce en el frente noreste de la intersección de la avenida Entre Ríos y Progreso de la ciudad de Buenos Aires.

En enero de ese mismo año el presidente de la Comisión Directiva de la Asociación de Maestros “Sarmiento”, Diógenes Perramón comprendiendo que San Juan estaba en deuda con Echagüe dirigió una nota al Director de Escuelas, Juan Tierney solicitando el cambio de nombre de la Escuela Antonio Torres, de Caucete, por el de Pedro Echagüe, a los efectos de rendirle homenaje a este último. Esta solicitud fue aprobada y por decreto de enero de 1923 dado por el Interventor Nacional, se procedió a darle la nueva denominación al establecimiento.
Otras instituciones escolares lucen en la actualidad el nombre del escritor que fundara en nuestra tierra su hogar. Como ejemplo podemos citar la Escuela Nocturna “Pedro Echagüe”, fundada por la Dirección de Escuelas el 14 de agosto de 1935 en la Villa Independencia del departamento Caucete. La cual brinda enseñanza básica para adultos y además incluye el tercer ciclo de la Educación Básica rural.

También en el citado departamento, pero ubicada en Lotes de Álvarez desarrolla sus actividades la Escuela Técnica de Capacitación Laboral Nº 1 “Pedro Echagüe”. Otros lugares de nuestra provincia cuentan con establecimientos escolares de similar denominación, tal es el caso de la Escuela Anexo Nocturna “Pedro Echagüe”, del Barrio Smata, en el departamento Capital, destinada a la enseñanza de adultos y de la Escuela Nocturna “Pedro Echagüe”, ubicada en Villa Nueva Argentina, perteneciente al departamento de Rivadavia, con idénticas funciones a la anterior.

Con motivo de cumplirse el 105º aniversario del nacimiento del escritor que nos ocupa, el Comisionado Municipal de Concepción, Juan Bracamonte, dictó un decreto, en 1926, por el que se dio a la calle Florida del expresado departamento el nombre de Pedro Echagüe y se fijó el día 5 de septiembre de ese año para la inauguración de una placa en su intersección con Sarmiento(actual esquina sur oeste de Pedro Echagüe y Sarmiento), acto al cual fueron invitadas las autoridades de la provincia, asociaciones patrióticas y el vecindario en general.

El acto recibió adhesión de asociaciones nacionales, provinciales y de distinguidos hombres de letras como Enrique García Velloso y Leopoldo Lugones. Al concluir la ceremonia se distribuyeron entre la concurrencia medallas recordatorias, folletos ilustrativos y postales con fotografías de la placa. Previamente en la mañana de ese día se había rendido homenaje en el Cementerio de la Capital, sobre la tumba que guarda sus restos colocando una placa conmemorativa. La misma fue acompañada por ofrendas florales y piezas musicales a cargo de la Banda Municipal.

También la Dirección de Escuelas quiso estar presente en el reconocimiento de los valores de este autor y resolvió con fecha 31 de agosto de 1926 que el 4 de septiembre del citado año se dictaran en todas las escuelas de la provincia clases alusivas a la vida y obras de Pedro Echagüe resaltando su actuación en la enseñanza y demás actividades en beneficio de la patria.

De esta manera se cierra el ciclo de homenajes a la memoria de nuestro autor cuyo mérito principal es el de haber sostenido hasta el final de su vida la lucha por sus ideales empleando los instrumentos que estuvieron oportunamente a su alcance, ya fueran la espada que empuñó en su juventud, o las palabras que brotaron de su alma de argentino y que dejó dispersas en diversos periódicos y obras literarias.


Referencias:
(1) ARCHIVO GENERAL DE LA PROVINCIA. FONDO HISTÓRICO. Catálogo del gobierno de Domingo Faustino Sarmiento. Libro 290-2. Folio 180.
(2) ECHAGÜE, Pedro y SARMIENTO, Domingo Soriano, Primer informe del Consejo de Educación. 1862, en diario “El Zonda”. San Juan, viernes 27 de marzo de 1863. Año III. Número 169.
(3) ECHAGÜE, Pedro y SARMIENTO, Domingo Soriano, Primer informe del Consejo de Educación. 1862, en diario “El Zonda”. San Juan, miércoles 25 de marzo de 1863. Año III. Número 168.
(4) Pedro Echagüe. Honores póstumos. 1923. Buenos Aires, Rosso. p. 155 y sig.
(5) CONSEJO DELIBERANTE DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. Versión taquigráfica de la 13 sesión ordinaria. 2º período. 7 de noviembre de 1922. Número 82. Pág. 2237.
(6) PALCOS, Alberto (dir.). 1931. Dos novelas regionales: La Rinconada. La Chapanay. Col. Grandes escritores argentinos. Buenos Aires, El Ateneo. Volumen XXXIX. Pág. 7.
(7) Nota del Autor: A La Rinconadase la conoció asimismo como Elvira, que es el nombre de la protagonista de la obra, y también como El temple de alma de una sanjuanina.




Adela Alejandra Varas:
Es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia, recibida en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan. En esta casa de estudios obtuvo también el título de postgrado de Magister en Historia.
Se desempeña como docente así como investigadora en el Instituto de Historia Regional “Héctor Domingo Arias” de esa facultad. Ha integrado y forma parte de equipos de investigación y ha sido autora de numerosos trabajos presentados en congresos y otras reuniones científicas. También ejerce la docencia en el nivel medio.
adalvaras@hotmail.com



El 13 de abril de 1932 la ciudad de San Juan amaneció cubierta de ceniza procedente de la región cordillerana mendocina.


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