Sábado, 17 de Abril de 2021      

San Francisco del Monte de Oro

Por:
Fernando Mó

Escuelita donde Domingo Faustino Sarmiento ejerció como maestro por primera vez, fue declarada Monumento Histórico Nacional el 16 de Septiembre de 1941. (Fuente: turismo.sanluis.gov.ar)
Desde temprano Sarmiento fue un niño muy aventajado. El 22 de abril de 1816 cuando ingresa a la Escuela de la Patria sólo contaba cinco años y ya tenía conocimientos muy superiores a los de sus compañeros; sabía leer y escribir con bastante fluidez.

Avanzaba rápidamente en sus estudios y tal circunstancia hizo que en 1821 su padre decidiera llevarlo a Córdoba para ingresar al Seminario de Loreto, pero, realizada la gestión, resultó infructuosa.

A los 10 años ya eran muy pocos los conocimientos que podía obtener en las escuelas primarias de San Juan. Por ello, dos años después (1823) don José Clemente solicita para su hijo un lugar en el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, resultando desplazado en el sorteo de becas.

Allá, en las primeras tres décadas del siglo pasado entre pláticas y responsos politiqueaba un presbítero sanjuanino ordenado sacerdote en Chile. Se llamaba José de Oro: hombre bien plantado, rico, generoso, amigo de las fiestas, cumplidor de su ministerio aunque de genio liviano predispuesto a la pendencia en defensa de las causas nobles. Estaba emparentado con doña Paula Albarracín frecuentando la casa solariega en plena construcción. Más de una vez la generosidad el presbítero sirvió para acallar acreedores a los cuales la dueña de casa no podía atender con la premura del caso.

Domingo Faustino, apenas púber, ya había recorrido todas las escuelas de la ciudad no teniendo nada que aprender en ellas; los maestros lo habían dado de alta y los padres temían por la suerte del niño aventajado.

Don José de Oro afiliado al federalismo lo había tomado bajo su tutela enseñándole muchas cosas que en ninguna escuela podía aprender.

El 1 de marzo de 1820 San Juan conquistó su autonomía constituyéndose en provincia separada de Mendoza. En esas tareas políticas anduvo el cura de Oro a quien se le ubicaba como ya hemos dicho en la tendencia federal.

Los gobiernos se sucedían vertiginosamente.
El huracán federalista (1820) llegó cuando el pueblo sanjuanino estaba exterminado por contribuciones destinadas al mantenimiento del Directorio y a la hazaña sanmartiniana de Los Andes.

El 10 de enero de 1823 fue elegido gobernador el doctor Salvador María del Carril en elecciones intachables; abogado recién recibido contaba solo 24 años (quizás el más joven de los gobernadores) estando embanderado en la corriente unitaria de Rivadavia. El presbítero de Oro aunque federal era amigo del gobernante hasta que éste último emprendió las reformas religiosas que convulsionaron a aquella sociedad verdaderamente piadosa. Del Carril puso sus manos sobre los bienes de la Iglesia exigiendo que los conventos estuvieran poblados por religiosos y los "curas se vistieran de cura"; en caso contrario las sanciones eran muy severas.

Planteadas las cosas de este modo el sacerdote de Oro resolvió exiliarse en San Francisco del Monte.

Era un pequeño caserío que actualmente es una ciudad de 5.000 habitantes. Está situada a 112 kilómetros de la capital de San Luis y es lugar de veraneo, contando con Intendente, Consejo Municipal y escuelas primarias y secundarias; tiene clima benigno, rodeado de vegetación abundante.

Actualmente el atractivo turístico principal es el Templete bajo cuyo amparo está el viejo rancho histórico donde Sarmiento fundara su primera escuela. Es un hermoso edificio construido hace 32 años para proteger la escuela primitiva que estaba destruyéndose casi totalmente. Ha sido declarado lugar histórico y tiene colocadas cerca de 100 placas recordativas.

Al Templete lo rodean algunas cepas de uva criolla procedente de reiteradas estacas de la que quizás plantara Sarmiento y el cura de Oro. Existe también el añoso y desgarbado ombú a cuya sombra el joven dictó sus primeras clases. En definitiva es un lugar placentero, muy visitado que impone respeto por sus valores históricos.
El lugar formó parte originariamente, de una finca de los Camargos y Gatica y se le conoce por San Francisco del Monte aún cuando su nombre oficial es San Francisco del Monte de Oro.

El nombre oficial de San Francisco del Monte de Oro se debe según tres versiones existentes a las siguientes razones:

1º- Que la zona está rodeada de bosques de espinillos que todos los años se engalanan con flores de color oro.

2º- Que en el paraje se explotaban minas de oro entregadas con encomiendas indígenas.

3°- Que la zona lleva ese nombre dada la acción eficaz que desplegó el cura de Oro, Sarmiento llamó a la escuelita "de Oro" y también, en los costales del campanario que eran de algarrobo grabó la siguiente leyenda: "San Francisco del Monte del Oro".

La realidad es que el nombre oficial del lugar es San Francisco del Monte de Oro.

Sarmiento contaba sólo 15 años y la partida del cura de Oro le entristeció intensamente. Por ello doña Paula le permitió que partiera en busca del tío (1826) acompañándolo durante un año en esos desolados parajes. Aclaramos que de Oro sólo era pariente lejano de doña Paula pero Sarmiento le llamó siempre tío. Vivió en el lugar durante una edad transitoria entre la niñez y la adolescencia época en que todo se plasma indeleblemente.

Posteriormente en su libro Recuerdos de Provincia en el capítulo "Los Oros" inmortalizó la región y la época pasada en el lugar. La capilla era primitiva y el rancho donde funcionó la primera escuela que fundara desarrolló, para siempre, su "santa locura por la enseñanza".

Domingo llegó a San Francisco dos meses después que su tío se instalara en la capilla solitaria y semidestruida. Allí encontró a Ña Picho, vieja mestiza, que realizaba los menesteres subalternos de la casa. Ña Picho le trajo a la memoria el recuerdo de Ña Cleme quien en la infancia le narrara cuentos de brujas, aparecidos y tantas otras cosas que el cura de Oro se encargaba de borrar para que no se empañaran el alma del adolescente.

Sarmiento asumió de inmediato las tareas que le correspondían. Ayudó a don José a reparar y pintar el frontispicio de la iglesia, mientras tanto, los creyentes se acercaban al señor cura para pedirle algún consejo u opinión. Don José les hablaba sencillamente, preguntándoles si eran casados ante Dios, si estaban bautizados, si alguna vez, se habían confesado. Trataba de adoctrinarlos y comprometerlos para la misa del domingo próximo.

Sarmiento escuchaba atentamente a su tío de cuya parla extraía enseñanzas provechosas. El cura de Oro aprovechaba los descansos para instruir al niño enseñándole gramática, historia, matemática, y "latines", quedando asombrado de la capacidad de recepción del joven quien, a veces, formulaba reflexiones sorprendentes.

Por las tardes, Domingo recorría los lugares aledaños formando ataditos de leña para llevarlos al día siguiente para el fuego que reclamaban la cocina y la vivienda; ambas dependencias formaban un sólo cuerpo con la iglesia y era el lugar donde el maestro y el discípulo descansaban de sus tareas.

Pero el niño, en sus andanzas, había descubierto un rancho de dos habitaciones en estado calamitoso y de inmediato, como una fuerte premonición, se le ocurrió acomodar el rancho organizando una escuela: la primera que fundara en su vida.

Le comunicó la idea a su tío y ambos, se pusieron de acuerdo en reparar lo que después sería el "Rancho Histórico". El niño fue el maestro teniendo 7 alumnos y tal vez algunos oyentes que concurrían desde zonas lejanas; no había ninguna escuela en 35 leguas a la redonda.

Domingo se posesionó rápidamente de su carácter de maestro frente a sus "niñitos" como les llamara, entre los cuales el menor tenía 21 años. Ninguno conocía ni una letra ni mucho menos los símbolos patrios; no tenían la menor idea de patria.

El maestro se avió de una vieja bandera que izaba y arriaba todos los días; tal vez fue en aquella oportunidad cuando el adolescente pronunció su primer discurso de elogio a la bandera.

A distancia el padre de Oro observaba admirado, la disciplina implantada en la escuelita. Pronto llegaron dos niñas también mayores que acudían en busca de las lecciones impartidas por el adolescente aventajado. La escuela tenía una mesa rústica que servía de escritorio y tres tablones con palos de algarrobo clavados en la tierra que servían de asiento.

De Oro seguía ilustrando a su sobrino que aprendía rápidamente, pero la gran habilidad de Sarmiento consistió en enseñar a gente tan ignorante, los conocimientos más elementales.

Al atardecer el muchacho salía para acarrear la leña que había juntado el día anterior y a su vez, según cuenta él mismo, recorrer algunos puestos de cabra para buscar nuevos alumnos y también algunos quesillos y huevos de avestruz que algunos campesinos le obsequiaban reconociéndolo como el ayudante del "padre cura".

La iglesia y la escuela prosperaron rápidamente y cuando Sarmiento tañía la vieja campana llamando a misa acudían los creyentes que, en honor a la verdad, eran casi todos habitantes del lugar.

Así andaban las cosas en San Francisco del Monte de Oro cuando un atardecer tío y sobrino preparaban una cajonera para la fabricación de un tapial, llegó a los portales de la capilla un peón de la finca de La Bebida, venía a caballo con otro de tiro.

Sarmiento se dio cuenta de inmediato que el emisario nada grato traía para él. Después de preguntarse mutuamente por la salud el peón les dijo que por orden de doña Paula y don Clemente venía por "el niño" aclarando que su presencia era necesaria en San Juan por cuanto existía posibilidad de obtener los medios necesarios para estudiar en Córdoba o Buenos Aires.

Le contrariaba el regreso a San Juan y escribió una larga carta a doña Paula diciéndole que prefería quedarse un tiempo más en San Francisco donde estaba formando una personalidad interesante mediante la intervención del padre de Oro quien, a su vez, también se entristeció por la partida.

Regresó el peón pero don Clemente se disgustó con la respuesta de Domingo y resolvió marchar personalmente a buscarlo.

Los argumentos del adolescente que sentía dejar la escuelita que había fundado y cuya ausencia personal significaba su desaparición, no fueron atendidos y Domingo Faustino partió de regreso lamentando la separación de su tío. Aún cuando llevaba para sí la seguridad de que algo bueno había dejado hecho. Dice en Recuerdos de Provincia "nos separamos tristes sin decimos nada, estrechándome él la mano y volviendo los ojos para que no lo vieran llorar”.

El padre de Oro permaneció un tiempo más en San Francisco hasta fines de 1827, cuenta Sarmiento: "Ah... cuando nos juntamos después de su regreso de la Convención de Santa Fe a la que fue nombrado Diputado Federal (1827), era yo unitario. La razón que él había desenvuelto con tanto esmero, había visto claro, y una vez que tocamos el asunto vio él que había de mi parte convicciones profundas, lógicas, razonadas que podían ser respetadas".

"Después nos veíamos como amigos; visitábalo yo en su viña, de noche, y ya hombre y Teniente de Línea pasaba las más gratas horas al lado de su lecho en que estaba postrado, oyéndolo hablar abandonándose, sin reservas, a los recuerdos del pasado".
Murió en 1836 como había vivido, "el hijo de la naturaleza, el campesino como gustaba apedillarse en diálogo conmigo. Dormía entre dos puertas en el invierno, bajo la techumbre celeste en el verano, saltaba de la cama a las tres de la mañana en todos los tiempos...".

Así murió este hombre ilustrado y generoso que una vez que doña Paula no sabía de donde sacar algún dinero para pagar una deuda, Don José de Oro le dijo: "no llore, no sea zonza, hace media hora que partió un propio para bajar de "Los Sombreros" (estancia de propiedad de don José), ocho novillos gordos que le traerán para que pague la contribución y haga sus provisiones de invierno...".
¡Domingo Faustino Sarmiento tomó otros rumbos...!

Autor: Fernando F. Mó
Artículo publicado en el libro “Cosas de San Juan” – Tomo IV – Año 1990

Ver artículo Domingo Faustino Sarmiento, su vida y obras

Domingo Faustino Sarmiento, luchó por la educación. A los 15 años comenzó a enseñar en San Francisco del Monte, en San Luis.
José Clemente Sarmiento Funes y Paula Albarracín, padre de Domingo Faustino Sarmiento.
Monolito ubicado en el predio de la Escuela San Francisco del Monte, San Luis, lugar que fue declarado Monumento Histórico Nacional. (Fuente: turismo.sanluis.gov.ar)




El 17 de abril de 1695, muere en la ciudad de México la religiosa y escritora sor Juana Inés de la Cruz.
Seguir leyendo.


San Juan al Mundo - Servicios


Lo mejor de la TV

Lo mejor del cine

Qué comemos hoy?

Sorteos

Radios online

Diarios del mundo

Autos

Qué hacer en San Juan

Humor

Servicios y datos de interés

Trámites y contactos

Temas generales

Blogs del mundo
USO DEL MATERIAL DE LA FUNDACIÓN


QUIENES SOMOS CONTACTO SUSCRIBIRSE


Diario la Ventana | Bataller Intimista | La Ventana San Juan | El Nuevo Diario