Martes, 4 de Agosto de 2020      

A tiros y pedradas fue celebrado en San Juan el 25 de mayo de 1910

Los preparativos para festejar en San Juan el primer centenario de la patria estuvieron llenos de buenas intenciones. Sin embargo, como magistralmente lo cuenta aquí Rogelio Díaz Costa, la fiesta terminó en escándalo. Fue la noche en la que se quiso inaugurar el alumbrado de nuestra plaza principal.

Esta fotografía fue tomada en 1907, un año después de la construcción de la usina.
El centenario de la Revolución de Mayo fue celebrado en todo el país con grandes festejos. Sólo San Juan lo conmemoró a obscuras con tiros y pedradas. Debe ser por la costumbre que tenemos de ser originales en nuestras manifestaciones de júbilo.
Una fiesta tan importante no podía hacerse sin tener que prestar algunos pesos. A la empresa de Ugarte, Fernández y Sabatié le costó 20 pesos la pérdida.
El caso fue que como los aprontes eran mayúsculos, ellos resolvieron adherir con un alumbrado extraordinario. Se tomaron todas las medidas del caso y se procuró que no faltase agua para las turbinas de Zonda.
El gobierno entusiasmado quiso colaborar en este buen propósito ordenando a la Dirección de Obras Públicas que no hiciera faltar el agua. Hasta aquí no había sino buenas intenciones. Pero llegó la noche del 24 de mayo de 1910 y se encendieron las luces “a giorno”.

Pero algo debió andar mal, porque la Dirección de Obras Públicas en un rapto de entusiasmo largó toda el agua por el canal de la usina. Como el agua no había sido convidada, se vengó destruyendo en las primeras horas de la noche la toma de Zonda y el canal. En su carrera también se encarnizó con la usina de Concepción. Resultado: la ciudad quedó a obscuras; la población indignada no encontró otro modo de desquitarse que emprendiéndola a tiros y pedradas con los focos. Algunos se salvaron, pero nadie sabe cuántos.
Para colmo de males en Concepción el derrumbe afectó a diversas propiedades y edificios. Total: un drama, como cualquier tercer acto de Echegaray.
Al día siguiente —se supone que era el día glorioso— la fiesta fue para la empresa, que recibió la visita de los damnificados, que en tren de guerra exigieron el pago de los daños, cosa que hoy no suele hacerse, como no suele hacerse tampoco lo que hizo la empresa: pagarlos.

De ahí en adelante la guerra fue constante. Hoy se acostumbra llamarla “guerra fría”.
Don Rogelio Fernández cuenta que las municipalidades de Zonda, Rivadavia, Desamparados, Concepción, Chimbas, Santa Lucía y 9 de Julio, cobraban a la empresa fuertes sumas por agua que ésta no gastaba.
La municipalidad de Rivadavia, dio un día en notificarles que en un plazo perentorio debían construir un puente sobre el estero de Zonda y una calle en terrenos de la empresa. Así se hizo y el caprichito agregó 4.000 pesos a las pérdidas sin contar el terreno de la calle.
Dice don Rogelio que le llamaba la atención el celo de las municipalidades de Zonda y Rivadavia, que nunca pensaron en el puente y la calle cuando esos terrenos eran del gobernador don Benjamín Bates.
La prensa local se dividió: Unos por la empresa, otras en contra. La apoyaban el “San Juan”, dirigido por don Pedro Pascual Ramírez; “La Provincia” de don Manuel P. Antequeda y “El Cuyo”. En el bando opuesto “El Porvenir” del padre Chiruzi y el Debates.

Así las cosas, recrudeció la pedrea contra los focos, los carreros de Zonda habían descubierto que tirando unos alambres, con unas piedras en sus extremos Sobre las líneas de fuerza que eran de alambre desnudo, se producían cortocircuitos con grandes chispazos. Su gozo era infinito.
Las finanzas de la empresa empezaron a flaquear. La municipalidad se atrasaba en los pagos; las cuentas eran muchas; la ayuda bancaria escasa. Para peor vinieron épocas en que el caudal del río disminuyó y se establecieron turnos que obligaron a un servicio deficiente.
Don Enrique Fernández acudió en ayuda de la empresa y le facilitó 100.000 pesos en condiciones más que liberales. Con todo un día se lanzó el grito de ¡La empresa va a quebrar!
La maledicencia, tan arraigada en San Juan y la prensa hostil hizo lo demás.
Así llegó el año 1912 y el 26 de octubre, la provincia concedió a la empresa la explotación, por 50 años, del canal general del Sur. De nada sirvió.
Ugarte, Fernández y Sabatié, discutieron el asunto y en vista de que los sanjuaninos preferían volver a las velas resolvieron deshacerse de la empresa.
¿El pago? No lo van a creer. La mayor parte fue en acciones que no se cotizaban en ninguna parte. Fueron, por último vendidas con un quebranto del 50% de su valor nominal.
El telón de epílogo cerró el escenario el 13 de febrero de 1913. Y hay quien no cree en la influencia del 13. Ese día llegaron a la municipalidad de la ciudad de San Juan don Francisco Sabatié y don Rogelio Fernández. Ugarte ni portó, todos sus sueños se revolcaban de muerte. Poco después llegó don Aquiles Galletti en representación de la sociedad compradora. Esperaron un momento, después de algunos ceremoniosos saludos. Por último se presentaron al intendente para comunicarle la transferencia de la usina eléctrica y las demás instalaciones.

(Texto publicado en Diario Tribuna el día 24 de agosto de 1957)

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