Viernes, 14 de Agosto de 2020      

Rodolfo Ferrer: Un perfeccionista lleno de misterios, aventuras y recovecos

Por:
Juan Carlos Bataller

Video de la entrevista realizada a Rodolfo Ferrer, por Juan Carlos Bataller para el ciclo Qué hiciste con tu vida, en noviembre de 2017

Rodolfo Ferrer en su primer día de clases, en segundo grado en la escuela Fray Justo de Santa María de Oro.
—Rodolfo Ferrer, ¿cuándo arranca tu memoria?
—Por suerte tengo una buena memoria desde la niñez, así que me acuerdo de esas cosas raras que normalmente los niños no recuerdan. Yo tengo una memoria visual y auditiva, por lo cual he sido un niño peligroso porque aquellas cosas que se hablan en familia y que los niños no se tienen que enterar, por ejemplo hablando en jerigonzo, yo inmediatamente pude dilucidar qué decían y así me enteraba de muchas cosas. Por eso, soy un referente familiar y cuando tienen que acordarse de algo y no saben, me llaman y me preguntan.

Esta foto del año 2008 muestra a Rodolfo Ferrer mientras se desempeñaba como director Centro Polivalente de Artes.
—De cualquier forma, dicen que la memoria es muy mentirosa, que muchas veces recordamos algo pero le vamos agregando elementos y va cambiando.
—Si la queremos arreglar, porque algunas cosas no las queremos recordar o no queremos verlas como son y las decoramos pero la verdad es que si, he tenido una memoria desde muy chico y de muchas situaciones.

—Vos naciste en una familia copetuda: los Ferrer Yanzi
—Así es

—¿Cómo fue tu niñez?
—Siempre dije que tuve una madre victoriana, que nos dieron una educación victoriana pero con un enorme amor. De hecho nunca, ni a mí ni a mi hermana, nos tutearon. Nuestros padres nos trataron de usted pero en ese respeto, que se imponía naturalmente, había un gran amor y un gran cariño. Siempre digo que no sé lo que es un tirón de oreja, no sé lo que es un grito, no sé lo que es un chirlo y mi hermana, tampoco. Eso creo que también influye mucho cuando un niño recibe cariño, afecto, amor y respeto y lo va a vivir en la adultez.

—Tenés buenos recuerdos de tus padres…
—Yo me acuerdo que en alguna oportunidad a mi padre le deben haber pagado alguna deuda de una juguetería por algún embargo y nos llevaron y nos dijeron: pueden elegir un juguete. Y sacamos uno, no pedimos sacar dos. Esto también tiene que ver con la personalidad de uno, con la forma de ser de uno por la educación que recibió.

—¿Cómo fue tu educación?
— Yo viví en un hogar donde desde los nueves meses escuché música. Mi madre era pianista. Era muy retraído, tremendamente retraído y tímido. Pero he aprendido técnicas para tapar esta timidez y a veces me paso un poquito más. Soy una persona que utiliza mucho la ironía porque la ironía no es un defecto, es una virtud, porque permite salir de situaciones engorrosas sin llegar a la discusión y mandar el mensaje que quieres mandar. Eso me lo dio mucho la actividad teatral.

—Pero ¿cuáles eran tus juegos de chico?
— Armaba títeres y las historias. Mi familia tenía que hacer cola para ingresar. Yo tenía una pieza del fondo donde con los cachivaches había armado mi propio teatro de títeres y armaba las propias historias.

—¿Qué más?
—Canté mucho tiempo, ya siendo un poco más adolescente pero mi niñez no fue tan a fin a los deportes porque era muy solitario.

—Veo una foto tuya cuando eras alumno de la escuela Fray Justo…
—Yo empecé en la escuela Santa Rosa, era una escuela que tenía solamente primer grado mixto. Las escuelas no eran mixtas; estaban las escuelas de varones, las estatales y mucho más en las privadas. Mi primera maestra por supuesto fue una monja, la hermana Genoveva, que tenía un carácter muy fuerte. Era como Frida Kahlo, fea, tenía bigotes y era cejijunta y con lentes. Tenía esas cofias largas, oscuras... No tengo el mejor recuerdo pero la verdad es que no me puedo quejar de la educación pública que tuve durante toda la escuela primaria. De ese colegio paso después a una escuela del Estado y ahí fue bastante embromado en los primeros grados.

—¿Qué pasaba?
Caricatura de Rodolfo Ferrer, realizada por Lucho Velazquez
—Mi padre tenía un cargo público importante en el Consejo de Reconstrucción de San Juan. Por lógica, lo primero que hacen es nombrarlo presidente de la cooperadora, porque como toda escuela a veces necesitaba que se arreglen cosas o que se poden árboles, y venían los obreros a arreglar todo eso. Había pequeñas casitas por la calle Corrientes, por General Acha. En toda esa zona había muchos viñedos con chicos muy humildes. Yo soy de la época en que no existía la calefacción, los chicos llevaban las brasas desde las casas agarradas con un palito. Es decir que fui un chico de una escuela en la que socialmente no encajaba. Yo era para ellos, un chico distinto y ellos para mi eran distintos. Yo no podía llevar una golosina porque los tenía a mis compañeros pidiéndome caramelos, un pedazo de sándwich y me decían “convidame”. Cuando llevaba dos alfajores terminaba dándoselos.

—¿Te quedó algún amigo de esa época?
—Conocidos, de grande, algunos. Pero había una diferencia muy grande. Yo la sentía y tampoco me interesaba entrar en esta cosa. De hecho me cambiaron de escuela. Estuve un año y en quinto grado, era muy chico, fallece mi papá y de ahí te sigo contando donde hice la secundaria. Tenía que entrar a una escuela, fui a la de Comercio y cuando me recibí tomé el título y lo dejé ahí en la mesa: Perito Mercantil Nacional. Nunca lo usé.


Las ganas de irse
—Ya sabías lo que querías. Estabas más para el lado del arte que para los deportes…
—Absolutamente. Tenía que tener la secundaria terminada para volar de San Juan.

—Ah… querías irte de San Juan…
—A mí nunca me gustó San Juan. Después, con los años, me di cuenta que San Juan tiene algo, como un hechizo que yo digo que es energético. Cuando uno está, no lo quiere pero después cuando uno se va, lo añora.

—Pero fíjate, sos un hombre del arte y San Juan se ha desarrollado mucho en ese campo…
—Exactamente, ha cambiado muchísimo. En mi primera juventud nace el ISA (Instituto Superior del Arte) que es el gran foco artístico primigenio en la provincia

—Y un día te fuiste de San Juan…
—Claro, terminado el secundario yo me voy a Buenos Aires y rindo para ingresar a la Escuela Nacional de Danzas.

—¿Fuiste solo o tenías parientes allá?
—No, primero me fui con mi madre. Mi hermana ya estaba casada y se quedó e hizo su familia acá. Yo decido ir y se va mi madre conmigo, teníamos nuestro departamento allá y llegué, rendí sin ningún problema e ingresé. En tanto yo tomaba cursos de teatro y ahí hacíamos nuestros ensayos con actores muy importantes. Ahí es como que yo me sentí en mi salsa. A mí me gustaba Buenos Aires, yo soy de las grandes urbes, pero reconozco que con los años empecé a ver a San Juan de otro modo y me volví y no sólo eso, sino que me enamoré de San Juan. Por eso digo que San Juan tiene algo que tira, tiene un embrujo que yo digo que es energético. A lo único que le tengo terror es a los temblores.

—¿Les tenés miedo?
—Absolutamente. Te voy a contar algo: yo duermo con joggins, con una linterna al lado y no dejo nada que me pueda interrumpir la salida porque fui producto no del ´44, pero si del ´52. Mi madre le tenía terror y esas cosas yo creo que se heredan.

—Llegaste a Buenos Aires y no sólo para aprender; también actuaste…
—Estando en Buenos Aires lo primero que hice fue formar parte del ballet de la Escuela Nacional de Danzas. Pero paralelamente estuve tomando clases de danzas españolas, se daban conferencias en el Teatro Nacional Cervantes. Hay que reconocer en el tema de las danzas que lo que más abundan son mujeres y varones hay pocos, así que el varón tiene una porcentaje mucho mayor de trabajo y por ende de actuación.

—¿Llegaste a ser profesional de la danza?
—Yo estuve trabajando en la danza porque la carrera de danza que hice en Buenos Aires es muy diferente a lo que la gente piensa. Se piensa que el bailarín solamente baila, cuando se hace un profesorado. La carrera es integral con música, con rítmica, con danza contemporánea, con folclore en el caso de la primera carrera que yo hice, con historia del arte.

—Es mucho más amplia…
—Eso me permitió abrir un bagaje enorme de conocimientos con grandes docentes. En escenografía y producción de espectáculos como en vestuario, con un escenógrafo fantástico que ya falleció, que lo mismo podía estar poniendo una producción en un teatro de revistas, donde todo es pluma, brillo y purpurina y además estaba montando una escenografía en el Teatro Colón para una ópera. Es fundamental el haber tenido muy buenos docentes.

—¿Es cierto que hiciste de Margarito Tereré?
—Esa es otra etapa. Terminando una carrera, ingreso al Colón, hago una tecnicatura en caracterización y también con una serie de materias, termino la tecnicatura. Vuelvo y se abre por primera vez la carrera de Expresión Corporal. Y voy a ser el primer sanjuanino que egresa de la carrera, algo totalmente novedoso que en las escuelas lo tenían en la currícula, pero no sabían cómo implementarlo. En ese lapso, tengo de acompañante a Waldo Belloso, un músico fantástico, esposo de Zulema Alcayaga, que es la que escribía los textos para Margarito. Yo entro como suplente en la compañía. Íbamos rotando a veces los roles. Fue una etapa fantástica, embromada por una cuestión política de la época, así que había que ser muy cuidadoso en los textos, pero esto que tenía que ver con el folclore para el niño, era sano. Como habian pocos canales de televisión, se vio en todo el país.

—Estamos hablando de los años 70…
—Sí. Íbamos a las provincias. Vivíamos mucho en aviones. Y si íbamos al interior de Buenos Aires, viajábamos en una combi. Me acuerdo de haber llegado y hacer las presentaciones en estadios y la gente venía dos horas antes para hacer la cola para ingresar. Yo sentí lo que es una multitud cuando se abrían las puertas del estadio y era impresionante el ruido de la gente ubicándose. Yo conservo recuerdos preciosos de esa época.


La vuelta a San Juan
—Pero un día Rodolfo volvió a San Juan...
—Yo volví a San Juan por una cuestión no muy grata. Mi madre se enferma y se vuelve San Juan y yo sigo con mi carrera, sigo estudiando, hago otro profesorado en la Escuela de Danza.

—¿Y vos te quedaste en Buenos Aires?
—Mi madre se viene a San Juan y no me preguntes por qué -porque yo soy medio brujo- tuve la necesidad de venirme. Liquidé todo y dije me voy a San Juan y me vine. A los 15 días falleció mi madre y allá ya no podía volver porque ya había dejado todo. Estaba acá sin saber qué hacer y por esas cosas de la vida que a mí se me fueron presentando, me llaman de una radio para hacerme una nota. Pensé que me estaban haciendo una cargada, pero no, me hicieron la primer entrevista que se grabó y la pasaron el día sábado al mediodía. Y, bueno, así volví de cero. Por eso yo digo que la vida me dio mucho pero yo también puse mucho.

—Vos pusiste toda tu vida adentro para que sea una vida…
—Puse absolutamente todo y hasta trabajando puse dinero cuando tenía que hacer algo porque soy un asqueroso perfeccionista. Y comencé de nuevo, dando cursos. En esto tengo que agradecerles mucho a las supervisoras de música y a las maestras jardineras porque cae este desconocido en San Juan, ya vuelve más grande, con las últimas técnicas de la expresión corporal en la educación infantil, habiendo pasado todos los niveles de educación menos capacitación laboral y van a ser justamente las supervisoras y las maestras de jardín de infantes y de música, las que me piden. Y así se inicia un proyecto que en el siglo pasado fue de avanzada, como es computación, inglés, teatro y danza y yo lo implementé junto con otros docentes.

—¿Llegaste a la dirección del Polivalente en esta etapa?
—No, primero entro a trabajar en el Profesorado de Educación Especial Silvino Martínez y justamente en supervisión. Paralelamente trabajo en la escuela Carem con niños con daños mentales severos y profundos, todo a través de la danza. Trabajaba a la par de la maestra. Lo que pasa por el cuerpo no se olvida más, por eso es tan importante en la educación especial el trabajo corporal.

—Con todos estos conocimientos que fuiste acumulando imagino que alguna vez te habrán llamado para la Fiesta del Sol, para que lo volcaras a las cosas prácticas, no sólo a la enseñanza…
— No, nunca he trabajado. Solamente en una oportunidad colaboré llevando una propuesta que se puso para la velada de gala de un 25 de Mayo. Yo había hecho en el teatro en Buenos Aires una puesta en escena sobre el salón de Mariquita Sánchez de Thompson con las danzas de época de salón, con vals, con mazurca… Fue realmente fantástico porque estaba enmarcada y formaba parte de un cuadro antiguo con un marco gigantesco. Pero nunca me han llamado y nunca he participado.

—Una de las cosas en las que has sido consecuente es con los pedidos de colaboración de La Ventana. Has sido jurado desde el primer concurso. Y a mí me asombra la cantidad de cantantes nuevos que surgen en San Juan y cómo han ido evolucionando.
—Han ido evolucionando y trascendiendo y muchos han salido del “verano musical”, el primer concurso, y hoy están en Buenos Aires triunfando, como es el caso de Javier Acuña.


El Polivalente
—Muchos intérpretes ya vienen con formación adquirida en la Universidad o en el Polivalente…
—Exacto. El Polivalente ha sido una escuela muy importante para mí. Entré dando poquitas horas y cuando entré me dije: yo voy a ser director de esta escuela.

—¿Cómo fue eso?
—Cuando voy a inscribirme me dan horas, cuando volví de sacar unas fotocopias esas horas habían desaparecido. Pero eso no me afectó para nada porque me dije: yo voy a entrar y voy a llegar a director. Y efectivamente así fue. Yo venía por puntaje, con un currículum bastante extenso y me dijeron: “ha venido una chica, no va a poder tomar las horas”.

—¿Y qué hiciste?
—Les dije no se hagan problemas, yo no he venido a que me den horas, he venido a inscribirme. Pero el año que viene vengo y espero que no aparezca nadie en el camino. Y entré al año siguiente y terminé como director con un placer enorme. He disfrutado esa escuela.

—Volviendo un poco para atrás, decías que cuando fuiste alumno fue un contraste con chicos que eran distintos o vos te sentías distinto a ellos. Cuando fuiste al Polivalente ¿notabas esa diferencia con otros profesores?
—No, en el Polivalente lo único que sentí es que tenía un proyecto y en ese proyecto iba todo. Tenía algo claro: la disciplina. El arte es disciplina por eso siempre se acuerdan que ahí no habían piercing, no habían aros, solamente el reloj para entrar a horario. Y no se trataba sólo de disciplina sino de respeto a sus docentes. Esto lo he aplicado y creo que a mí me dio resultados.

—Vivimos una época donde la educación debe ser permanente. Todo evoluciona…
—Así es. Yo llevaba un montón de años y no necesitaba seguir estudiando para un cargo. Pero cuando las escuelas de arte se fusionan y conforman la Universidad Nacional del Arte, como soy un poco loco, dije yo no me puedo quedar con esto, tengo que seguir estudiando. A los chicos les decía que ya no basta una secundaria, no basta una universidad porque ahora el que egresó de una universidad necesita especializarse. Y allá viajaba yo viernes, sábado y domingo. Me tomaba un avión para hacer una licenciatura en Buenos Aires. Y me vine con una licenciatura.

—Rodolfo, el deporte no es tu fuerte evidentemente, ¿la política tampoco?
—La política no, yo prefiero colaborar con el político de turno si me necesita. Nunca he actuado en política, nunca me ha interesado la política y tampoco tengo color político porque creo que eso no ayuda, sino que retrasa.


El amor y otras yerbas
—¿Alguna vez te enamoraste?
— Sí, soy un enamorado de la vida y de la gente también, con distintos tipos de amores.

—¿Pero sos de esos que se agarran un metejón o de amores largos?
—Yo soy de las personas que se entregan. Así como me entrego al trabajo, me entrego cuando he querido a alguien. Pero así como he querido a alguien, me puedo desenamorar muy rápido.

—Estuviste en el coro también…
—También. Estaba en la secundaria cuando ingresé y estuve muchos años en la Agrupación Coral. Todavía conservo amigos pero no todos realmente del alma, porque después me fui. Pero con algunos he seguido viéndome y con el tiempo ya la amistad se va construyendo. Por ejemplo, con el hijo de Petracchini al cual le tengo un gran afecto.

—Por ahí nosotros decimos que en el jurado de La Ventana sos parte del grupo que llamamos “La oreja del pueblo”. Pero en realidad la formación musical y escénica que tenés es muy superior incluso dentro del jurado.
—Pero me da un toque lindo ser la oreja del pueblo, me hace más popular. Yo tengo mi club de fans de la tercera edad, voy por la calle, me paran, me dicen “A usted lo conozco de La Ventana”. Son más de 13 años de participar del programa, pero mis seguidores son todos señores y señoras de la tercera edad.

—¿Qué libro influyó en tu vida?
—Yo soy un lector empedernido, leo absolutamente de todo. Me gusta mucho y soy un enamorado de los reyes y lo versallesco. En alguna vida debo haber vivido y debo haber sido noble. Recuerdo las lecturas de primer grado y no lo pueden creer pero recuerdo la primera, el desarrollo y la última que era sobre el ahorro. No me preguntes porque te la digo rapidito.

—Gracias a eso fue la primera estafa que cometieron con nuestra generación.
—Era una forma también de poner. Mamá, nene, papá y oso ese oso usa sal. Ese oso se asa solo y después Mi mamá me mima y después ya pasábamos con Debemos amar a Evita. Evita ama a los niños y la última que era sobre fines de octubre, era sobre el ahorro.

—¿Alguna vez fuiste a la Caja de Ahorro a averiguar cuánto vale hoy lo que habías ahorrado?
—Tendría que haberme agarrado una borrachera para ir pero hasta en eso me controlo…. No ¿para qué?


De otras vidas y religiones
—¿Alguna película que te haya gustado?
—Ghost y películas musicales, como el Mago de Oz

—Ghost, el hombre que muere y regresa como fantasma…
—Quien hizo la película y quien escribió el guión se documentaron muy bien. Ese es otro tema que siempre me interesó, el tema de las religiones. Es para hacer dos o tres programas. Me he metido en todas las religiones.

—¿Vos creés en otras vidas, creés que hay posibilidades de volver?
—Yo creo absolutamente en eso. No sé de qué forma pero de algún modo, voy a venir para molestar.

—¿Creés que sos un espíritu joven o viejo?
—Yo soy un espíritu joven, mírame este cuerpito. No voy a decir la edad que tengo porque no lo digo ni loco. Yo soy muy joven de pensamiento.

—¿Has tenido otras vidas antes? ¿Lo has investigado?
—Por supuesto, aunque no me hace falta investigar. Yo siento, hay cosas, hay momentos que a mí me interesan que indudablemente me hacen creer que uno vive y vuelve nuevamente. En el karma creo bastante, como en la cosa energética. Yo creo que todos nacemos con fecha de vencimiento. La tenemos no sé por dónde, pero venimos fecha de vencimiento. Por eso yo a la vida la vivo intensamente.

—Este ciclo se llama “Qué hiciste con tu vida” y la pregunta final siempre es la misma: ¿repetirías tu vida o la cambiarías totalmente?
—En algunas cosas, la cambiaria. Creo que el que no cambia con la experiencia es un estúpido. Muchas cosas podría saltarlas y ya tendría una sabiduría de vidas anteriores, pero la haría mucho mejor, mucho más divertida. Seguramente no estudiaría tanto y me divertiría más. Ahora se me ha dado por divertirme y ya los años no permiten hacer todo lo que uno quisiera.



Cómo lo vi
Rodolfo Ferrer fue entrevistado en noviembre de 2017 por Juan Carlos Bataller, para el ciclo Qué hiciste con tu vida.
Rodolfo es, sin duda, un personaje complejo.
No es todo lo que muestra ni muestra todo lo que es.
Da la impresión de ser un erudito de laboratorio, adornado por lecturas fáciles.
Sin embargo es mucho más: diría que es un sobreviviente de aguas turbulentas. Una persona capaz de gozar cada momento pero también un actor capaz de actuar su personaje sin maquillaje y de acuerdo al público que ocupe la sala.
Pero también es un perfeccionista y conserva la energía de los años mozos, la que administra de acuerdo a sus necesidades vitales sin tener en cuenta requerimientos ajenos.
Un personaje lleno de misterios, aventuras y recovecos.
Y como tal, un periodista prudente no debe avanzar más allá de los límites que, sin decirlo, Rodolfo impone.
JCB



El Perfil psicografológico de Rodolfo Ferrer
Por Elizabeth Martínez – Grafoanalista

Manuscrito de Rodolfo Ferrer, del cual la grafoanalista Elizabeth Martínez realizó el perfil psicografológico
»» Se trataría de una persona que se muestra al natural, orgullosa de sí misma. Por lo tanto no busca ni aprueba las máscaras sociales. Posee un correcto autoconcepto, es decir poseería una buena autoestima. Lo cual lo haría expansivo hacia el logro de sus metas.

»» Tiene un excelente emplazamiento dentro de la hoja, lo cual denota: óptima distancia con las situaciones de su pasado (pasado que no se borraría pero si se supera), lo cual le permitiría acceder con un buen caudal de energía hacia su futuro. Además sería respetuoso de las normas y la autoridad pero sin mostrar sumisión. Y por último se trataría de una persona que no le teme a los cambios de su vida.

»» Se detectan rasgos de marcada creatividad. Es abierto y receptivo a los demás. Literalmente poseería lo que llamamos una mente abierta, sin embargo con él mismo, sería más rígido e intransigente.

»» Si bien es una persona sociable, que le resulta sencillo comunicarse y estar en contacto con los otros, también poseería una vida interna muy rica. Y disfrutaría estando en contacto con ella, puede ser por ejemplo a través de la música, de la lectura, de los momentos de reflexión, entre otros.

»» Posee un estado anímico equilibrado, positivo, es optimista, tiende al éxito, lucha contra los obstáculos que la vida le impone.


La foto muestra la culminación de la ceremonia religiosa en la Iglesia de la Merced, donde contrajeron matrimonio Diego Enrique Ferrer Yanzi, quien fue secretario de Reconstrucción de San Juan y Teresa Albarracín, padres de Rodolfo Ferrer
1976 - Rodolfo Ferrer y Graciela Zabaleta bailan danzas cortesanas y de salón en una presentación en el Teatro San Martín de Buenos Aires con el ballet de la Escuela Nacional de Danzas que dirigía Nelly Ramicone. Ambos egresaron como profesores de Danza ese año. (Fuente Fundación Bataller)
Año 1974. Rodolfo Ferrer en Buenos Aires, con alumnos del Banco Creedicop, Sucursal Villa Ortuzar
El 25 de julio de 1974, Rodolfo Ferrer posa junto a sus alumnos del Banco Creedicoop, en Buenos Aires, quienes lo esperaron para celebrar su cumpleaños.


Nota publicada en La Pericana el viernes 12 de octubre de 2018, en la edición Nº 129



El 14 de agosto de 2011, por primera vez en la historia, los sanjuaninos votaron en una elección interna, abierta y simultánea, con el fin de elegir a los candidatos para las elecciones generales...
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