Gilberto Antonio Avalo y Luisa del Carmen Peñalva. Felicidad forjada con guitarras y tonadas

Este nota realizada por Carmen Vega Mateo, fue publicada en El Nuevo Diario en la edición 665 del 15 de julio de 1994, en la sección La Nueva Revista

 Lindo el barrio Las Moreras y tranquilo el paraje en que viven, donde se ciega una calle. Nos recibe el dueño de casa y de entrada nomás nos encontramos con una mesa servida lista para tomar el té. Detalles lindísimos le ha puesto Luisa, como esa bandeja para masas con pie, de porcelana Limoges, herencia de su abuela.

Él es Gilberto Antonio Avalo y ella Luisa del Carmen Peñalva. Junto a otro matrimonio, los Lloveras, son conocidos por sanjuaninos como los famosos Manantiales. Cantan lindo. ¿Quién no los ha escuchado? Son eufóricos y extravertidos y la charla fluye verborrágica y divertida.

Gilberto es de Albardón, de la zona de Las Tapias. Allí nació el 27 de noviembre de 1934.
-Hay quienes escriben mi apellido con ve o be, con ese o sin ese. Alguna vez charlando con Rogelio Díaz Costa, que le gustaban tanto las genealogías, me dijo que mis familiares eran de 200 ó 300 años atrás, afincados en el fortín de Las Tapias, estaban destinados a cuidar de esa zona que era de frontera. Los meandros del río fueron llevándose de a poco la tierra y mis abuelos hicieron los diques primitivos que luego Hidráulica, al realizar la obra formal, lo hace sobre esa base y lo bautiza en su homenaje Dique Avalos.
¿Te acuerdas de esa famosa parra que daba más de cinco mil kilos de uva? Estaba en tierras de mis abuelos, al venderse, lo primero que hizo el nuevo dueño fue cortarla... Llegué a verla en un Billiken como curiosidad de la naturaleza.

-¿Cuál es el origen de tu ascendencia?
-Estoy seguro que una rama de mis antepasados es huarpe que se mezcló luego con la española. Yo soy Avalo Valdivia y provengo de familias asentadas hace largo tiempo.

Nos dirigimos a Luisa que va y viene tratando de evitar que los numerosos canes que posee la familia irrumpan en el comedor. Mimados y harto consentidos terminan por participar de la charla una pareja Doberman enanos: Otto y Elena con graciosos "vestidos" tejidos para protegerlos del trío.

Luisa es oriunda de Córdoba, del Cerro de las Rosas y en esto la delata su "cantito" que no ha perdido a través de los años. Nació el 23 de diciembre de 1937.
-Mis abuelos paternos eran de Tucumán, provenían de una familia muy tradicional: los Peñalva Usandivaras.
El origen es español. Y por el lado materno soy Peñalva Elías. Mis padres eran primos hermanos. La madre de mi papá era hermana del padre de mi mamá. No se conocían porque estos vivían en Buenos Aires.

- ¿Cómo fue tu educación, Beto?
-Nosotros teníamos una casa en la calle Rawson al 800, que hoy es Entre Ríos. Allí iba a la escuela Rivadavia y a raíz del terremoto me llevaron a Albardón. A una escuelita tan humilde que se derrumbó con el sismo y nos daban clases bajo una higuera. Teníamos a un maestro Guevara que iba a pie desde aquí hasta allá, distante unos siete kilómetros y luego desandaba el mismo camino a la siesta. ¡Esos eran maestros! Recuerdo que ponía un pizarrón apoyado en la higuera y nosotros llevábamos unos cajoncitos para sentarnos. Así estuvimos todo un año, hasta que con los fríos levantaron unas carpas. Después fui a la escuela Sarmiento, que estaba en la calle Alem y por último al Colegio Nacional y de allí pasé a Córdoba, para estudiar medicina.

- ¿Y tú, Luisa?
-Estudié primero en Carlos Paz porque papá puso un hotel con la herencia que le dejó mi abuelo. Se llamó y se llama: "El Torreón" que hoy pertenece al gremio de los petroleros. Fue el más grande y el más lujoso en aquella época. En Carlos Paz hice toda la primaria y después nos vinimos a la ciudad y en la escuela normal Agustín Garzón Agulla, me recibí de maestra. Comencé abogacía y en tercer año me encontré con el médico aquél -señala a Beto entre risas- y abandoné para casarme y venirme a San Juan.

- ¿Cómo se conocieron?
-Por correo, contesta en tono de broma Beto.

-No. Hablá en serio! Beto tenía un conjunto que se llamaba "Los Pastores" que formó cuando estudiaba, luego fue él el único en recibirse, los otros tardaron como treinta años en hacerlo! Bueno, como tocaba la guitarra comenzó a enseñarme y me enamoró al mismo tiempo.

- ¿Cómo surge tu vocación por el canto y el folklore?
-Yo me enamoré de una chica que tenía doce años y tenía la ilusión de cantarle una canción determinada. Le pedí a un vecino que me diera lecciones de guitarra para tocarle una serenata. Aprendí y seguí tocando. Cuando me fui a Córdoba no me llevé la guitarra pero la extrañaba igual que a mi madre. En el segundo año no aguanté más y me la llevé. Y en ese momento precisamente me dijeron en mi casa que las cosas no andaban bien: o dejaba la carrera de medicina o me las rebuscaba de otra forma. Así que rendí concurso como practicante en el Hospital Rawson de Córdoba, y con eso gané una beca que me permitía tener casa, comida y un sueldito. Dos años después rendí para practicante mayor y gané otra vez. Estaba obligado a ser el mejor alumno para poder conseguirlas. Y para rebuscármelas aún más formé un conjunto, "Los Pastores", porque cantábamos canciones del altiplano y villancicos. Tuvimos éxito en definitiva y nos llamaban de las radios. En una oportunidad, cuando la huelga universitaria contra Frondizi, nosotros aprovechamos y nos trasladamos a Buenos Aires y fuimos a la radio Belgrano, que estaba en Ayacucho y Posadas. Nos contrataron por dos meses y estuvimos también en la inauguración de Canal 7, recién se iniciaba la televisión. Allí hicimos amistad con Los Fronterizos, los Quilla Huasi, los Hermanos Avalos... tengo muchas anécdotas con esa gente. Lo cierto es que salí adelante con mi carrera y me recibí de médico cirujano y radiólogo. Al hacerlo regalé mi poncho y mi guitarra al conjunto, pero hete aquí que al recibirme perdí también mi condición de practicante y quedé como quien dice, en la calle. Entonces me vine decidido a utilizar mi título. Ya me había casado por entonces. Fueron muy duros los comienzos en San Juan. Cuando logré hacerme un lugarcito no pude con mi genio y armé otro conjunto gracias a la amistad con Pepe Lloveras. Nos fue muy bien y comenzamos a participar en festivales o guitarreadas y nuestras mujeres empezaron a quejarse, así que ellas decidieron seguirnos a donde íbamos y terminamos formando el conjunto con ellas. Impusimos un estilo que no se había intentado antes para la tonada: el de las cuatro voces. Fuimos al Festival de la Tonada en Merlo y allí si bien nos aplaudieron a rabiar, el jurado dictaminó descalificamos "porque la tonada no se cantaba a cuatro voces" según ellos. Pero nos ganamos una medalla de oro con Pepe como dúo. Y Saúl Oro ganó la suya como primer premio solista. En ese entonces nos acompañó el director de cultura, que era Luis Jorge Bates. Pero logramos imponer las cuatro voces.

- ¿Qué fue lo que más les gustó a uno del otro?
-Luisa: era -era- tremendamente tierno y romántico. Eso me enamoró.  Si. peleábamos, a los cinco minutos regresaba cantándome una serenata. A mi papa y a los vecinos les gustaba mucho por sus canciones...
-Nunca me acertó ninguna maceta el viejo... (risas) De Luisa, lo que más me gustó o lo que me llamó la atención, es que era -y es- muy bonita y después me gustó su espíritu. Y me enamoré.
-Luisa: contale que tuviste miedo de perderme y por eso no aceptaste la beca...
-El director del Hospital Rawson de Córdoba tenía muchos contactos en los Estados Unidos y ofreció bacas para seis de nosotros. Pero yo estaba de novio y el irme significaba pelearme o hacerla esperar un año. Estaba muy enamorado así que rechacé la beca.

-¿Te arrepientes?
-No! No me arrepiento. Son oscuros los designios de Dios...

Luisa y Beto han tenido dos hijas que están próximas a recibirse de médicas, como que estudian juntas. La mayor es María Gabriela, de treinta años, que vive en Córdoba y la menor, que compartió nuestra charla, es María Claudia, de veintiocho años, de regreso en San Juan porque está pronta a casarse con Gustavo Vaquer.

-¿Siguen cantando profesionalmente?
-Sí, desde luego. Seguimos, pero lo hacemos afuera. Aquí muy poco porque no hay donde. Hace poco estuvimos con los Inti Huama en su peña.

-¿Viajes?
-Por todos lados. Dos veces a Europa. La primera vez, fuimos a España cuatro meses y después otros tantos en Islas Canarias. A los diez años justos volvimos. Conocemos todo el país. Llevamos grabados dieciseis long plays y otros tantos casetes, y nos falta el compact que nos gustaría hacer con boleros...

-¿Cuál es la canción que más les gusta?
-Beto: una habanera, "Tu regreso".
-Luisa: Mirá si será modesto. Hay una que es dé él y muy linda: "Tonada para un amigo". A mí me gusta muchísimo y la otra es "Muchacha de Albardón" que también es de Beto. Y muchas cosas que hacemos juntos, como "Caminito de casa" o "El inventario” de Chico Novarro.
Compositores más que buenos son tanto Beto como Pepe Lloveras. Si bien Martha Lloveras tiene también dos temas muy buenos que escribió junto con Beto, una guaranía y un bolero.

-¿Cuántas canciones has compuesto, Beto?
-Unas treinta. Entre ellas, las que más han trascendido son: "Canta, canta San Juan", "Muchacha del Albardón", "Tonada para un amigo", "Cuando yo vuelva a mi tierra" y una que aún no hemos grabado y está basada en el lugar en que nací: "Pueblito olvidado".

-¿Y tú, Luisa, a qué te dedicas cuando no cantas?
-Soy ama de casa. Pero también he trabajado en Turismo, lo hice cuando estaba Barrena. Y luego Savastano me llevó al IPV. Y el último curro que tengo es enseñar a tejer en un programa televisivo, esto lo hago junto con mi hija María Claudia.

Fuente: nota publicada en El Nuevo Diario en la edición 665 del 15 de julio de 1994, en la sección La Nueva Revista


Ver artículo:
-- Los Manantiales. Una marca distintiva del folclore cuyano

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Los Avalo y Lloveras. De izquierda a derecha: Beto Avalo, Luisa, Marta Lloveras y Pepe Lloveras.
Los Avalo y los Lloveras, matrimonios fundadores del grupo Los Manantiales.
Esta foto de Los Manantiales fue tomada en España, uno de los países en los que actuó el conjunto sanjuanino. Los Manantiales fue un grupo folklórico que alcanzó el reconocimiento nacional e internacional con la música de Cuyo. Los matrimonios de Marta Gómez Cornejo y Alberto Pepe Lloveras y Luisa Peñalba y Gilberto Avalo lograron números sorprendentes en discos y ventas. El debut del cuarteto se produjo en suelo sanjuanino fue durante la Fiesta del Moscatel de 1968. Esta formación duró hasta 1970 debido al alejamiento de Beto Avalo. Por ese entonces se incorporó a Ernesto Villavicencio, el recordado “Negro”, quien animó al grupo la magia de sus duendes y su talento. Al alejarse el Negro, su puesto fue ocupado por otro guitarrista famoso, Ricardo Greguar, quien con Pepe, Marta y Luisa siguieron siendo Los Manantiales.
2005 - Los abuelos Ávalo – Peñalba. Gilberto Antonio Ávalo, médico, autor, compositor y cantante se casó con una cordobesa, Luisa del Carmen Peñalba, maestra y cantante. Integraron el exitoso conjunto Los Manantiales junto a Pepe y Martha Lloveras y fueron los creadores de Los Trigales, otro conjunto que marcó una impronta en la provincia. Ambos fueron padres de María Gabriela, artista plástica y de María Claudia, empresaria, casada con Jaime Gustavo Vaquer Botella, empresario, papás de los chicos que aparecen en esta foto de 2005: María Angélica, María Mercedes y María Luisa.
Actuación de Los Trigales en la Fiesta de la tradición. Sobre el escenario el matrimonio Quiroga – Cisella junto a Luisa Peñalba y Gilberto “Beto” Ávalo. La imagen fue tomada en la década de 1990. (Foto y datos Mónica Cisella)
2008 – Los Manantiales en el escenario / Representantes de uno de los grupos más emblemáticos del folclore local, Beto Ávalos y Luisa Peñalba volvieron a despertar el interés del público sanjuanino al presentar un nuevo disco en 2008. El matrimonio, cuyo conjunto “Los Manantiales” dejó una importante huella en la tradición folclórica provincial, ofreció en noviembre de 2008 un show con los temas de su más reciente trabajo discográfico. Folcloristas de larga data y activos integrantes de la Peña La Tonada, Beto y Luisa actuaron en el bar ubicado en el complejo del Auditorio Juan Victoria. En la oportunidad la pareja presentó las canciones del segundo volumen de “Canta Canta San Juan”. En la foto, Los Manantiales, con el acompañamiento del guitarrista Luis Muñoz.
Gilberto Antonio Avalo y Luisa del Carmen Peñalva. Un sanjuanino y una cordobesa, unidos por el amor al folklore.
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