Los molinos harineros de Jáchal

Jáchal es la tierra de los molinos harineros. Estas construcciones que ya no funcionan, son testigos de una época económica dorada para la región.

   Se convirtieron en una atracción turística, pero hace más de un siglo, fueron los protagonistas de una actividad económica que hizo fuerte a las tierras jachalleras. Se trata de los molinos harineros.

Con más de dos siglos de existencia, estas antiguas máquinas resisten el paso del tiempo para atestiguar el desarrollo económico alcanzado por Jáchal del siglo XVIII. Los molinos se erigen como símbolos de un pasado próspero. En aquella época, la producción harinera de la provincia no sólo abastecía el mercado local, sino también de otras provincias, como Buenos Aires, Córdoba y Tucumán.

El trigo llegaba al departamento Jáchal desde distintos puntos del país. Esta materia prima ingresaba a la maquinaria por una piqueta y desde allí era levantada al molino por capachos de lata engarzados. Una piedra giraba en un sentido y otra en el contrario, logrando así que el trigo quedara triturado. Esto provocaba que la harina fina cayera por los cedazos. El procesamiento del trigo permitía obtener afrechillón, harina integral y cocho (harina tostada), además de sémola. Todo dependía del producto y el tipo de molienda que realizaran. Por todo ello, los molinos de Jáchal representan un inolvidable paseo que dejará un valioso aprendizaje cultural a quienes puedan visitarlos.

Estas moles históricas fueron declaradas como Monumentos Históricos Nacionales en el año 2000 y se convirtieron en patrimonio cultural, no solo por su aporte a la economía regional sino también por los detalles arquitectónicos de sus construcciones y los perfectos mecanismos de su funcionamiento.

Se trata de auténticas obras de ingeniería humana se erigen en el departamento, dando muestras de la construcción del siglo XIX y hablando de la historia agrícola de la región. A través de los molinos puede contarse cómo fue forjada la cultura jachallera a través del esfuerzo, el trabajo sin tregua y la pasión puesta en cada molienda como así también en el sembrado de áridos campos y luego el cultivo del trigo con el que sería amasado el pan de cada día.

Molino del Alto o de García. Su forma austera está ubicada en torno a un gran patio con bizcos (árbol típico de la región). Posee un importante valor ambiental y aún son conservadas en su interior piezas de antigua herrería. La tradicional rueda que ponía en marcha el intrincado mecanismo de fuertes piezas de algarrobo a través de la energía hidráulica, fue refaccionada para la visita de los turistas.

   Molino de Reyes. Esta pieza es una verdadera unidad productiva de escala regional. El complejo reúne la casa del propietario, la del molinero, una fábrica de fideos, bodega, herrería y carpintería. En el último tiempo fue restaurado para funcionar como productor de harina artesanal.

Molino Dojorti. La madera de algarrobo puede ser apreciada en cada maquinaria que este molino harinero que producía a través del movimiento del agua. Perteneciente a la familia Dojorti, este lugar fue un lugar de inspiración para el reconocido músico y poeta Eusebio de Jesús Dojorti, conocido nacionalmente como Buenaventura Luna. Esta pieza histórica data del año 1850 y es conservada para deleite de los turistas.

   Los molinos en el valle de Jáchal funcionaron hasta la década del sesenta, poco a poco la llegada de harinas más blancas y refinadas, que arribaban a la zona por ferrocarril, fueron desplazando a las logradas en la zona con tecnología primitiva.

 Producción de trigo

En el siglo XIX, el tráfico de ganado y harina en Jáchal se hacía con Tucumán y Chile. El trigo que producía la zona se molía en establecimientos propios. El comercio de Jáchal llegó a una importancia tal que en Valparaíso hubo una firma dedicada a la compra de toda su producción, la que antes compraban en San Juan.

En1870 la prosperidad de Jáchal era tal que había: 5 tiendas, 40 almacenes, 16 pulperías, 16 puestos de carne, 4 hornos de ladrillos, 2 jabonerías; además de los negocios de vinería, herrería, talabartería, etc. Sus cereales se exponían en todas las muestras nacionales, como así también sus artesanías.

En 1887 comenzó su periodo de decadencia. Su floreciente economía estructurada sobre su exportación de ganado y el comercio de harina se paralizó cuando desde el Litoral se va surtiendo al país de granos a través de la expansión ferroviaria.

Además, la ley de aduana encareció el transporte a Chile, donde en esa época hubo una crisis que mermó su capacidad de compra.

La merma paulatina siguió su curso y el relevamiento agrícola realizado por el Departamento de Hidráulica en 2006-2007 indica que en San Juan solo quedaban poco más de 90 hectáreas de trigo, en Pocito, Calingasta e Iglesia. En Jáchal no quedaba nada.

    Hacia el 2022, comenzaron a realizar ensayos los técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Esto con el propósito es recuperar esa producción para la obtención de harina para destinarla a distintos tipos de artículos de panificación, por ejemplo de pastas. Y con buenos resultados porque el último informe de avance señala que se han logrado obtener rendimientos superiores a los de la Pampa húmeda, la zona top de este cultivo en la Argentina.

Los últimos datos del 2023 indican que en San Juan hay 100 hectáreas de trigo. La mayoría de los productores están en Iglesia y Jáchal. 

 

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